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Sueño de día afiebrado:
aún no me atrevo a encararla, ni a preguntarle los por qués. menos podré poner su nombre y escribir todo sin que parezca otro texto lleno de jeroglíficos. . y ni hablar de decirle que la mitad de mi malestar se debe a lo mucho que la echo de menos, a esa necesidad tan insaciable que tengo de ella, de sus respuestas, de sus vuelve que yo también te extraño hasta morir ...

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